La desprotección de los jóvenes en los primeros años de cotización. Olatz Vázquez como ejemplo.

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Nuestra sociedad da soluciones rápidas y eficaces a problemas que afectan a un grupo de personas suficientemente grande como para justificar un gran gasto en recursos humanos y monetarios. Un ejemplo reciente es la respuesta dada al mayor reto colectivo al que se ha enfrentado la sociedad hasta nuestros tiempos, el Covid-19, mediante la creación en tiempo récord de una vacuna que soluciona de un plumazo un problema que hubiera generado enormes dificultades a una sociedad interconectada social y económicamente.

¿Y qué pasa si el problema afecta a un grupo más reducido de la sociedad? Simplemente la solución tarda mucho más tiempo en llegar, o simplemente no llega. Podríamos hablar del innumerable número de enfermedades raras que afectan a un relativamente pequeño número de personas, que siempre son demasiadas a mi juicio, pero que no despierta el interés de los laboratorios que buscan dar soluciones a problemas que por afectar a un gran número de personas les reportarán, al ser esos pacientes sus clientes, un beneficio económico mucho mayor. 

Lo mismo sucede en el plano político, dónde dar soluciones a problemas que afectan a pocas personas, no es de interés por no obtenerse un beneficio electoral lo suficientemente intenso.

En éste artículo voy a hablar de enfermedades, en particular de una, que aunque no es ni mucho menos rara, sí afecta a un colectivo que no es diana de dicha enfermedad. En conclusión, afecta a un relativamente reducido número de personas, y que por ello es un problema que aunque es un mundo para todo aquél que se encuentra en dicha situación, el mundo no le va a prestar atención, o al menos no lo está haciendo en la intensidad debida.

No descubro nada si afirmo que década tras década se retrasa la incorporación al mercado laboral de nuestros jóvenes. Jóvenes que estudian carreras universitarias, postgrado en muchos casos, a lo que se suma en muchos otros, demasiados a mi criterio, el trabajo precario y no cotizado, por no hablar de los que dedican parte de su juventud a opositar. Jóvenes, en definitiva, que comienzan sus carreras de cotización bien pasados los 25 años de edad, más cerca de los 30. 

Jóvenes que con 30 años de edad tienen un capital mucho más reducido que el que tuvieron sus padres con esa misma edad, que les cuesta infinitamente más acceder a la vivienda (ya sea de alquiler o de compra), y jóvenes, porque no decirlo, que quedan desprotegidos en los primeros años de su carrera de cotización ante el infortunio de padecer un accidente o enfermedad graves que requieran el acceso a una incapacidad permanente. 

grafico probabilidad cancer

Grafico probabilidad cáncer según la edad. Fuente: Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN).

 

Nuestro sistema de seguridad social protege ante las incapacidades temporales durante un determinado periodo de tiempo que puede alcanzar los dos años como máximo, y para quedar protegido y ser perceptor de la incapacidad temporal solo hacen falta 180 días cotizados (y ninguno si deriva de riesgos profesionales), lo cual es un periodo razonable. Ahora bien, ¿qué pasa transcurridos esos dos años si la persona sigue requiriendo atención médica y la posibilidad de incorporarse al mercado laboral es médicamente inviable? En situación normal tendría que ser un pase claro a una situación de incapacidad permanente, pero ¿y si no se tienen los años de cotización exigidos para poder acceder a la situación de incapacidad permanente? en éste caso únicamente sería viable el acceso a una incapacidad no contributiva que da derecho a la percepción de una pensión que ronda los 500 € mensuales.

 

Los años cotizados para acceder a la pensión de incapacidad permanente contributiva son los siguientes:

 

  • Si la incapacidad permanente deriva de enfermedad común se exige un periodo previo de cotización (para el grado de parcial se exigen 1800 días dentro de los 10 años anteriores; para el grado de total, absoluta y gran invalidez se exigen cotizados el 33,3% del tiempo que haya transcurrido entre el cumplimiento de los 16 años y la incapacidad permanente si no tienes cumplidos los 31 años de edad, en caso contrario se exigirán cotizados un 25% del tiempo entre el cumplimiento de los 20 años y la incapacidad permanente con un mínimo de 5 años en todo caso y un 20% de ellos han de estar comprendidos en los últimos diez años).

 

  • Si la incapacidad permanente deriva de accidente, sea o no de trabajo, o enfermedad profesional no se exige periodo previo de cotización.

 

  • Ojo! Si la incapacidad permanente deriva de enfermedad común o accidente no laboral y solicitas la incapacidad temporal sin estar dado de alta se te exigirán en todo caso 15 años cotizados (de los cuales 3 años deben estar comprendidos dentro de los 10 años inmediatamente anteriores).

 

Vamos a imaginarnos una persona que se incorpora al mercado laboral con 27 años de edad con unas bases de cotización que rondan los 2000 € mensuales y que desgraciadamente se ve afectado un año después, con 28 años, por una grave enfermedad. Primeramente accede sin problemas a la situación de incapacidad temporal, ya que contaba con más de 180 días cotizados cuando se inició la misma, y pasados dos años, con 30, se alcanza la duración máxima de la IT sin que se encuentren en condiciones de volver al trabajo. Una vez transcurridos no tendrá opción alguna de seguir recibiendo prestación de incapacidad temporal, pero tampoco de incapacidad permanente contributiva que tendría en cuenta sus bases mensuales cotizadas de 2000 €, ya que el sistema le exige cuatro años y medio cotizados para poder acceder a la misma (la ley exige el 33,3 % del tiempo transcurrido entre el cumplimiento de los 16 años de edad y el inicio de la incapacidad permanente). En definitiva, además de verse afectado por el desolador envite de la enfermedad, se encontrará con una situación económica notablemente peor que la que tenía cuando se encontraba trabajando, hasta el punto de depender de terceras personas ya que con los 500 € al mes que le garantiza la pensión no contributiva es difícilmente alcanzable una independencia económica.

 

Creemos que es un problema al que habría que darle la debida visibilidad, ya que si bien es cierto que la protección de un seguro debe hacerse siempre bajo la premisa de la contribución previa, no es menos cierto que la protección de la salud de aquellas personas que se han estado formando durante años para alcanzar un nivel formativo exigido por la propia sociedad, y que finalmente se incorporaron al mercado laboral, no debe quedar en desamparo. O se le da soluciones dentro del propio sistema de seguridad social flexibilizando sus condiciones, o se le protege desde fuera del propio sistema de una manera más eficaz.

 

Este artículo en cierto modo es un homenaje a Olatz Vázquez, periodista fallecida en la jornada de ayer con 27 años de edad y una luchadora, no solo contra su enfermedad, sino también contra las carencias de un sistema que aunque en líneas generales es bueno, tiene unas grietas de esas que afectan a ese número relativamente reducido de personas de las que hablábamos al principio del artículo y que por eso no despierta la atención de aquellos que deben tomar las decisiones políticas necesarias para no arrepentirnos en el futuro. Si no cuidamos a los jóvenes que han demostrado esfuerzo e interés en conseguir una vida mejor, ¿qué podemos esperar del futuro?

 

 

 

 

Olatz ya ha hecho su doble aportación al sistema. La primera, la de cotizar, le ha servido de poco. Esperamos que la segunda, la de dar visibilidad al problema, pueda abrir una vía que dé soluciones a miles de jóvenes que ahora se encuentran recorriendo el camino que para ella ya ha terminado.

 

Descansa en paz.

 

Redacción iberlaboral.

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